No es solo azúcar; ¡es pura fuerza! Para que tengan esa textura única que se deshace en la boca, los artesanos deben estirar la melaza caliente a mano en horcones de madera, si no hay fuerza en el brazo, ¡no hay caramelo!
Es el dulce que nos da identidad y el «recuerdito» obligado al pasar por la entrada de nuestro bello municipio.

